León XIV anima a comenzar el año con un corazón que late por la paz

Ante el entusiasmo vibrante de unos 40.000 miles de fieles y peregrinos provenientes de los cinco continentes, reunidos en una soleada Plaza de San Pedro tras la santa misa en la Basílica vaticana, el Papa León XIV subrayó que el inicio del año no puede reducirse a una simple sucesión de fechas y compromisos.
“Mientras el ritmo de los meses se repite —afirmó—, el Señor nos invita a renovar nuestro tiempo, inaugurando finalmente una época de paz y amistad entre todos los pueblos”. Sin ese anhelo de bien, advirtió, “no tendría sentido girar las páginas del calendario ni llenar nuestras agendas”.
El Jubileo como escuela de esperanza
Refiriéndose al Jubileo que está por concluir, León XIV recordó que este tiempo de gracia ha enseñado un camino concreto para cultivar la esperanza de un mundo nuevo, “convirtiendo el corazón a Dios, para poder transformar los agravios en perdón, el dolor en consolación y los propósitos de virtud en obras buenas”.
El Papa explicó que este es el modo en que Dios mismo entra en la historia y la rescata del olvido, donando al mundo al Redentor. Jesús —subrayó— es el Hijo unigénito que se hace hermano nuestro, iluminando las conciencias de buena voluntad para que el futuro pueda ser construido como una casa acogedora para cada hombre y cada mujer que nace.
Al concluir su mensaje, en el marco de la Jornada Mundial de la Paz, León XIV exhortó a elevar una oración unánime. “Oremos todos juntos por la paz —pidió—, sobre todo entre las naciones ensangrentadas por conflictos y miseria, pero también en nuestras casas, en las familias heridas por la violencia y el dolor”.
Confiando este clamor a la intercesión materna de María, Madre de Dios y Madre de la Iglesia, el Pontífice recordó que Cristo es “el sol de justicia que nunca declina” y renovó la certeza de que, incluso al inicio de un nuevo año marcado por desafíos, la esperanza cristiana no defrauda.
Tomado de Vatican News.





