“El niñero de Tortugas”

No basta con ver la inmensidad del río Orteguaza para descubrir cuánta biodiversidad resguarda, habría que sumergirse para descubrir lo que en realidad preserva; pero ante la imposibilidad de hacerlo, hay quienes sólo ven su valor en la extracción de oro, el transporte fluvial y por ser fuente de alimento.
Pero entre esa maraña de agua hay algo más que el hombre está acabando, una especie que, aunque común, es ignorada, de las miles que existían, ahora hay cientos, y de seguir con la vorágine de su consumo y comercio ilegal, pronto la cifra disminuirá a cero.
Son las tortugas habitantes de la amazonia, con un papel fundamental a nivel ecosistémico, pues son consumidoras de semillas y ayudan a la dispersión y propagación de especies vegetales, además contribuyen al control de poblaciones de invertebrados o animales pequeños que habitan los ríos.
Sin embargo, el comercio ilegal de su carne, huevos e incluso de sus crías –con la finalidad de tenerlas como mascotas– se ha convertido en la principal amenaza. Pero hay seres que, aún son humanos, que pese a sus dificultades de pobreza, soledad e incluso de conocimiento, aportan su tiempo e inmenso amor, es decir, lo único que tienen, para proteger una especie que está en vía de extinción.
Don Arcesio Albino es habitante de la Laguna Potreros, un brazuelo del Orteguaza, intrincado en la espesura de la selva, un inmenso espejo de agua que protege la flora y fauna silvestre e, incluso, irrisoriamente a los habitantes de las zonas rivereñas.
Este adulto mayor terminó el cuidado de sus hijos y ahora es cuidador de tortugas, construyó con poca ayuda -únicamente de la Pastoral Social-, el más importante proyecto de conservación del Caquetá, pues mientras la mayoría postea fotos en sus redes social para que alguien haga algo por el Amazonas, -sin hacer nada-; Arcesio realiza una labor titánica en medio de las adversidades propias del campo, la lejanía, la violencia y el olvido estatal y gubernamental.
Según él, todo comenzó por la necesidad del consumo, pues la charapa es una especie rica y nutritiva, una proteína que por años fue más importante que el pescado, que para los indígenas aún lo sigue siendo e incluso hace parte de sus tradiciones, creencias y costumbres; pero ahora, tan sólo verlas tomar el sol a orillas del río, es un lujo, por la actitud extractivita que está arrasando con todo a su paso.
“Anteriormente consumíamos ese huevo, se hacen dulces, ponqués muy ricos, pero cuando pasó la cosecha y fuí a buscar al río encontré tres camadas que ya estaban encubadas y no servían para comer, pensé dejarlas allá, pero había la posibilidad de que se perdieran, entonces me las traje, traje arena y me nacieron 64 ´bichitas´ así que ví que era fácil, se podía hacer repoblamiento, al año siguiente fui y recogí más y seguí haciendo esto, en adelante tengo esa pasión de ver esos animalitos pequeñiticos y le fui aprendiendo el cálculo, cuando se me perdían huevos empecé a analizar qué pasaba y actualmente le pongo más empeño, pero ya para encontrar huevos hay que estar en manos de Dios”, dice
La tortuga de río habita en Vichada, Meta, Casanare, Guainía, Vaupés, Guaviare, Amazonas, Putumayo, Arauca y Caquetá, pasa la mayor parte del tiempo bajo el agua y prefiere los cauces principales de los grandes ríos, recorre grandes distancias pero siempre regresa al lugar donde nació, y se alimenta de frutos, insectos y a veces de carroña. Don Arcesio pasa los últimos y primeros meses del año recogiendo los nidos en las playas, lo hace todos los días, para sacarles ventaja a los cazadores que por las noches, acaban con ellas.
“Por una curiosidad empecé a recolectar tres camadas y ví que nacían y que podíamos hacer el repoblamiento y seguí cada año recolectando huevos, a lo natural, y vea dónde vamos, el año pasado saqué como 1200 y este año 2000 y tengo unas más grandes para tener un zoocriadero” menciona.
Durante los últimos 12 años, Arcesio calcula que ha liberado unas 8 mil tortugas, está total y absolutamente apropiado del tema, espera a marzo para verlas patalear en la tierra o en el agua, y garantiza la supervivencia de tres especies: la charapa (Podocnemis expansa) que es la más popular, la tortuga gigante (Podocnemis unifilis) que puede llegar a pesar 4 arrobas y vivir 200 años y la tortuga mata-mata (Chelus fimbriata), cuya mordida es letalmente dolorosa y hasta infecciosa, las tres son especies amazónicas de las más fascinantes de América Latina.
Y es tan fundamental su labor que sabe dónde extraer los huevos, cómo sacarlos y asistirlos, cuánto tiempo esperarlos, cuánta agua y sol darles, y una vez retoñan intuye cuándo pasarlas a los estanques y cuándo liberarlas.
“Es muy importante lo que hace, porque está concientizando nuestra Institución y a otras instituciones educativas de Solano, así como el núcleo veredal, para que conservemos a una especie que está en vía de extinción y de paso cuidemos la naturaleza, aquí no solamente se está protegiendo una especie en vía de extinción sino también nuestra laguna, él es una persona muy activa y nos está enseñando valores ambientales, nos está capacitando, nos educa, más de 12 años de entrega y de servicio, con vocación de servicio por la naturaleza”, así describe Duberney Urquina Arce, docente la IE La Cabañita de Solano, a Don Arcesio.
Por su parte Oscar Mauricio Marin, IE La Cabañita, asegura que “el acompañamiento de este proyecto, con el grupo de estudiantes es de marcaje y liberación, para que los estudiantes conozcan lo importante del trabajo medio ambiental que se realiza y convertirlos en producciones literarias y protectores ambientales, pero más allá de eso no podemos hacer más por Don Arcesio, él necesita más apoyo de las administraciones locales y departamentales, muchas personas han venido a apoyar liberaciones pero no vuelven y las entidades que deben procurar invertir recursos ambientales pues lo tienen olvidado”.
A Don Arcesio se le conoce como el niñero de tortugas, y el apelativo le queda de maravilla, ya es un ejemplo a seguir por los niños y jóvenes y se siente orgulloso de que un 90 por ciento de sus recolectas son exitosas, porque terminan en nacimientos, él es feliz jugando con sus charapas, desde que recolecta los huevos hasta el momento de despedirlas, y si invoca a Dios para encontrarlas en las playas, lo hace, aún más, cuando las pone en el agua, en medio de una oración, para desearles buena suerte.
Lo importante, dice Don Arcesio, es que su legado no se pierda y de ahí la importancia de la niñez y juventud en cada una de sus liberaciones, está seguro que aunque ahora no consideren su faena, sabe que con sólo salvar una vida, todo ha valido la pena.
POR: WENDY YUVELY BARRIOS GASCA
FOTOS:. JOHN FREDY HERNÁNDEZ CALEÑO






