Abejas meliponas toman vuelo como apuesta de conservación en el Guaviare

La historia de José Eliécer Jiménez, habitante de la vereda Caño Caribe, muestra cómo la cría de abejas meliponas puede abrir camino a una economía de selva en el Guaviare.
– 35 familias vecinas a la finca de José Eliécer Jiménez, en la vereda Caño Caribe, participaron de la capacitación en el aprovechamiento sostenible de abejas sin aguijón que dictaron el Sena Guaviare y el programa REM Visión Amazonía.
– Una colmena puede producir un millón de pesos al año, ingresos que se pueden facilmente incrementar, generando rentabilidad económica y conservación.
Bogotá, marzo de 2026. Hace cinco años, José Eliécer Jiménez rescató una colmena de un árbol caído en la selva y se la llevó a su finca en la vereda Caño Caribe, en el departamento del Guaviare. En esos días, este campesino sabía poco sobre las abejas meliponas o abejas sin aguijón y nada sobre meliponicultura (la práctica de criar estas abejas para la producción de miel).
Al comienzo, todo fue ensayo y error. Don José Eliécer fue aprendiendo en el día a día, entendiendo cómo se comportan estas abejas, qué necesitan para alimentarse y por qué su presencia resulta clave para el bioma amazónico.
Con el tiempo, la curiosidad de este campesino se convirtió en una práctica sostenible que hoy le permite mirar el bosque como opción de sustento; una forma de trabajo en su finca que reconoce el valor de mantener el bosque en pie y la importancia de cuidar a sus polinizadores.
Un bosque para las meliponas
Hoy, José Eliécer Jiménez tiene cerca de 52 colmenas en su finca. Allí produce una miel que, según cuenta, puede tener matices amargos y dulces según las plantas de las que se alimentan las abejas, y recibe con gusto a quienes quieren conocer de cerca el proceso con las meliponas.
Pero antes de llegar a este punto, este campesino entendió que criar abejas meliponas no consistía solo en cuidar las colmenas, sino también en preparar el entorno para que estos pequeños seres quieran quedarse y le produzcan dinero a él y su familia.
Con los años, don José Eliécer fue entendiendo que criar abejas meliponas también exigía sembrar para ellas. Así empezó a llenar su finca de achiote, botón de oro, árboles frutales y otras plantas que les sirven de alimento.
Así, fue haciendo de su predio un lugar más amable para las colmenas: cuidó y enriqueció un pequeño bosque que les ofreciera alimento, resguardo y más vida alrededor.
“Los árboles de la selva son muy importantes para las abejas. El varablanca, por ejemplo, se da fácil en el territorio, y el guayabillo ofrece una flor muy prometedora para alimentar las colmenas”, señala José Eliécer Jiménez.
Volver a empezar
El camino de don Jorge Eliécer en la meliponicultura no ha sido lineal. Hace unos años, las fumigaciones en potreros vecinos para el control de insectos llevaron a la muerte de 12 de 13 sus colmenas.
Con paciencia, observación y más conocimiento, José Eliécer reconstruyó su meliponario sin traer abejas de otros lugares, sino a partir de lo que iba logrando en su propio predio. En ese proceso entendió mejor cómo protegerlas y cómo darles condiciones más adecuadas para permanecer.
Por eso, hoy su finca también está marcada por decenas de pequeñas casetas de madera que resguardan las colmenas de la lluvia, el viento y el sol más fuerte. Entre árboles, flores y sombra, esas estructuras se repiten en el paisaje como parte de una forma de manejo más cuidadosa y más pensada para el bienestar de las abejas.
Ese aprendizaje no se ha quedado solo en su predio. En la vereda Caño Caribe, donde más del 96 % de las fincas vecinas a la suya se están vinculando a acuerdos de conservación del Programa REM-Visión Amazonía, la meliponicultura también ha empezado a despertar interés en las familias.
Algunos vecinos, incluso, han comenzado a levantar sus propias casetas y a dar los primeros pasos en la cría de abejas meliponas.
Junto a REM Visión Amazonía
El trabajo de don José Eliécer también se ha fortalecido a través de los espacios de formación y acompañamiento impulsados por el Programa REM Visión Amazonía y el programa Campesena que capacitaron a 35 pequeños productores en el aprovechamiento sostenible de las abejas sin aguijón.
Esas jornadas lo tienen “contento” porque, según explica este campesino de Guaviare, le han permitido afinar el manejo de las abejas meliponas, adquirir conocimientos, aclarar dudas y también nombrar mejor lo que antes conocía solo desde la práctica: diferenciar especies (tetratrigonas, trigonas, “angelitas”, entre otras), entender mejor sus comportamientos y cómo multiplicar colmenas para aumentar la producción de miel.
La meliponicultura se ha convertido en un apoyo para la economía familiar: según cuenta, un frasco pequeño puede venderse entre $40.000 y $50.000, mientras que en algunas variedades, como la miel de abeja angelita, un tarro de 30 mililitros puede alcanzar los $100.000.
Según Yezid Beltrán, líder de Desarrollo Agroambiental del programa REM Visión Amazonía, “una colmena puede producir al año un millón de pesos en miel y propoleo, eso significa que al aumentar el número de colmenas, las familias también incrementan significativamente los ingresos, además aportan a la conservación de los bosques y fortalecen la economía de selva que estamos promoviendo para la Amaonía colombiana”.
La historia de José Eliécer Jiménez muestra como pueden empezar a construirse otras formas de sustento en la Amazonía. En su finca de Guaviare, las abejas meliponas hoy hacen parte de una economía de selva que ofrece una opción productiva para las familias rurales y, al mismo tiempo, también contribuye al cuidado de los bosques.






