Un mundo al revés: migración, poder y contradicciones

𝐸𝘭 𝘤𝑜𝘯𝑡𝘦𝑛𝘪𝑑𝘰 𝘦𝑥𝘱𝑟𝘦𝑠𝘢𝑑𝘰 𝘦𝑛 𝑒𝘴𝑡𝘦 𝘦𝑠𝘱𝑎𝘤𝑖𝘰 𝘦𝑠 𝑟𝘦𝑠𝘱𝑜𝘯𝑠𝘢𝑏𝘪𝑙𝘪𝑑𝘢𝑑 𝑑𝘪𝑟𝘦𝑐𝘵𝑎 𝑑𝘦𝑙 𝑐𝘰𝑙𝘶𝑚𝘯𝑖𝘴𝑡𝘢 𝘺 𝘳𝑒𝘧𝑙𝘦𝑗𝘢 𝘴𝑢 𝑜𝘱𝑖𝘯𝑖𝘰́𝑛, 𝘯𝑜 𝑙𝘢 𝘥𝑒𝘭 𝘮𝑒𝘥𝑖𝘰 𝘥𝑒 𝑐𝘰𝑚𝘶𝑛𝘪𝑐𝘢𝑐𝘪𝑜́𝘯.
¿Libertad?
La libertad de expresión nos hace jugar con la posible pérdida de una visa concedida por el “país de la libertad”.
Las ganas de hacernos ver como un país hecho a fuego de personas resilientes, fuertes, echadas pa’ lante, nos concede la posibilidad de “perder privilegios”.
La ley del más fuerte se ejerce con dureza, menosprecio, xenofobia y racismo. Los de arriba lo saben: es el ejercicio del poder desproporcionado sobre el mundo.
Inocentes, muchos eligen emigrar hacia su propia condena, empujados por un país que no les proporciona oportunidades o seguridad y que elige, una y otra vez, políticos sin sentido de pertenencia.
Existe una ley universal invisible: algunos seres humanos están por encima de otros, y lo define su lugar de nacimiento.
Somos un país rico en todo, pero miserable a nivel político. En el afán de hacernos respetar, algunos no saben hasta dónde nos pueden llevar.
Se levanta la guerra entre los que tienen la razón y los que apenas sobreviven. Los oprimidos pocas opciones tienen, o eso fue lo que nos enseñaron a lo largo del tiempo.
No sabemos hacia dónde vamos, pero por lo visto se eligió el riesgo, sin saber a cambio de qué.
El mundo cambió desde que un “naranjoso” empezó su guerra particular, demostrando que a base de poder también se puede hacer arrodillar al mundo.
¿Cómo un país tan “nuevo”, gobernado por hijos de inmigrantes, se atreve a ser tan déspota incluso con sus propios orígenes?
Vivimos en el mundo al revés: ese ‘’Estado’’ es gobernado por todos menos por sus originarios, y aun así repudia a quienes realmente lo levantaron.
Los inmigrantes ilegales son ellos: apropiados de unas tierras que no les pertenecen.





